viernes, 12 de diciembre de 2025

Entre la herida y la botella

Te pienso en la sombra,

en el rincón donde el tiempo se pudre lento,

como un verso de Gelman que no encuentra luz,

como un trago amargo que Bukowski escupe al suelo.


Amar duele, y duele como el frío de la ausencia,

como el cigarro que se consume entre dedos temblorosos,

como la voz rota que grita en la noche sin esperanza,

y sin embargo, seguimos aquí, escribiendo el desastre.


Tus ojos son un agujero negro,

un hueco donde se pierde el sol y la sonrisa,

y yo, con la garganta seca,

le canto a ese abismo con palabras sucias y heridas.


No hay redención, solo el polvo en la ventana,

la poesía que sangra y la botella que espera,

porque amarte es un poema sin punto final,

un combate de sombras, un puño que no cede.

Autopsia de lo que fui

No me hablen de redención.

La luz me ha escupido demasiadas veces

como para creerle otra vez.


He dormido en camas prestadas,

con mujeres que lloraban

después de fingir amor,

mientras yo escribía

con sangre vieja

sobre servilletas mugrientas.


Hay algo hermoso en pudrirse lentamente

cuando ya no se espera nada.

Una flor también se abre en el fango,

pero nadie quiere olerla.


Anoche soñé que vomitaba ángeles,

y que los ángeles me devolvían los ojos,

comidos,

negros,

llenos de promesas que nunca pedí.


Mi madre reza por mí,

y yo maldigo cada palabra

que no se atreve a decirme.

Hay una herida que no cicatriza

porque se alimenta de cada beso que no di.


A veces,

cuando la ciudad duerme,

le hablo a los semáforos,

y ellos me entienden mejor que Dios.


No estoy triste.

Estoy descompuesto.


Y hay belleza en eso,

si sabes mirar sin asco.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Venganza sobre nada

Ella

Esta noche he decidido vengarme.


Él

¿De quién?


Ella

De nadie.

Del silencio que no gritó,

del reloj que no marcó el momento exacto

en que dejaste de mirarme.

De los pasos que no diste,

del vaso que no rompiste

cuando debiste.


Él

No se puede castigar lo que no sucedió.


Ella

Claro que sí.

Se puede apuñalar la sombra de una puerta cerrada.

Se puede incendiar un poema

antes de escribirlo.

Se puede escupir al cielo

por no llover cuando hacía falta.


Él

Y a mí,

¿en qué rincón de tu nada me toca la venganza?


Ella

Tú serás la prueba.

La silla vacía.

El perfume que nadie usa.

El nombre que no grito.


Él

¿Y qué harás conmigo?


Ella

Te dejaré exactamente donde estás.

Ni un paso más cerca.

Ni un paso más lejos.

Te quitaré los extremos.

No serás herida,

ni consuelo.

Solo… resto.


Él

¿Eso te basta?


Ella

No.

Pero nada nunca basta.

Por eso la venganza.

Por eso esta furia contra el aire.

Contra lo que no hiciste.

Contra lo que no pasó.

Contra lo que no fuimos.


Él

¿Y si te abrazo ahora?


Ella

Entonces me iré.

Con calma.

Porque la peor venganza…

es no dejar cicatriz.

como un perro fiel (pero más tonto)

ella se enfadaba.

no como se enfada la gente normal.

se enfadaba como tormenta,

con gritos, con golpes,

con esa mirada que no buscaba entender,

sólo destruir.


y yo

la amaba.


la amaba con los ojos cerrados

y el alma abierta,

como un idiota que se deja morder

y aún así mueve la cola.


decía mentiras

como si fueran poemas.

yo las leía,

las creía,

las aplaudía.


me decía

“no pasó nada”

y yo le ponía flores en el pelo

aunque olieran a otra cama.


¿qué se hace

cuando el amor es una herida

que uno besa para que no duela tanto?


la perdoné.

mil veces.

mil veces sabiendo

que no era justo,

ni sano,

ni amor —

pero era todo lo que tenía.


yo no quería una mujer perfecta.

solo quería

que ella se quedara.


y se quedó.

a veces.

con puños,

con humo,

con mentiras entre los dientes.


yo dormía con el enemigo,

y aún así soñaba con ella

como si fuera el paraíso.


ahora está lejos,

pero a veces juro

que la escucho en mi cabeza

decirme que todo era culpa mía.


y quizá lo fue.

porque cuando uno ama sin medida,

se vuelve invisible

hasta para sí mismo.


viernes, 28 de noviembre de 2025

MAPA PEQUEÑO DE NOSOTROS

en la cocina

la luz cae

sobre dos tazas

-las dejo así-

como si fueran

tu mano y la mía

descansando.


el día empieza

sin prisa,

apenas un murmullo

de calles que despiertan.

yo también despierto

cuando recuerdo

tu voz diciendo

"vuelvo pronto"



en el alfeizar

una naranja abierta

brilla como un secreto,

y pienso

que el mundo entero

cabe en estas cosa:

la fruta

el calor que queda

en una silla vacía



te amo así

en el minimo

una palabra doblada

dentro del bolsillo,

la sombra de tu paso

en la puerta,

el silencio que no pesa

cuando estás.


y si la tarde cae

la dejo caer,

tu nombre

hace su propio fuego

y con el basta

para encontrar

mi camino

hacia ti. 


jueves, 27 de noviembre de 2025

Poema

 

te encontré

como quien encuentra

un billete olvidado

en el bolsillo de un abrigo


no lo esperaba

pero de pronto

el día brillaba


apoyada en la ventana

bebiendo café

como si el mundo

fuera un pequeño cuenco tibio

entre tus manos


yo pense:

esto es

lo que WC Williams diria

con una sola imagen

una fruta sobre la mesa

la luz inclinada

y tu nombre

quieto

como si pudiera sostenerlo



pero Prévert

me soplo al oído

que el amor

no se explica

se deja caer

se desordena

como papeles de colores

lloviendo sobre una plaza


así que vengo

con mis bolsillos llenos

de palabras simples

para decirte:

qué milagro

que estés aquí

sentada

respirando conmigo

en esta mañana

que no pedí

y sin embargo

me lo da todo.


viernes, 21 de noviembre de 2025

MANIFIESTO TRAMADÓLICO

 Yo acuso

a los sacerdotes del dolor que predican la virtud del sufrimiento como si el cuerpo fuera una cárcel necesaria,

como si cada lágrima debiera ser ganada con sudor y espasmo,

como si el sistema nervioso fuera un tribunal moral.


Yo declaro

que el dolor físico no ennoblece.

Que el sufrimiento psíquico no educa.

Que no hay redención en la carne torturada ni epifanía en la ansiedad que asfixia a las tres de la madrugada.


Y en este abismo,

yo proclamo al Tramadol como arma blanca,

como hostia química,

como bálsamo hereje.


I. Del dolor como mentira funcional

El mundo occidental ha hecho del dolor una institución.

Lo administra. Lo regula. Lo niega si no se puede ver en una radiografía.

Si no sangras, no sufres.

Si no cojeas, no te creen.

Si no tienes fiebre, tu infierno no importa.


Pero hay cuerpos que chillan en silencio.

Y mentes que se retuercen sin ruido.

Ahí entra el Tramadol,

no como evasión, sino como interruptor.

Corta la corriente del tormento.

Apaga el fuego en las sinapsis.


II. Del Tramadol como conjuro moderno

No es una droga, es una invocación.

Es una fórmula.

Una alquimia.

Es la pastilla que se traga como una oración sin dios.


Y no calma sólo la rodilla rota.

Calma el pensamiento que se estrella.

La obsesión que muerde.

La memoria que no perdona.


¿Qué tiene de malo querer respirar?

¿Qué tiene de criminal querer dormir sin soñar con cuchillos?


III. Contra la moralina médica

Hay médicos que recetan con culpa,

farmacéuticos que entregan con juicio en los ojos,

psiquiatras que dudan si duele tanto como dices.


El dolor es político.

Y el Tramadol es desobediencia.


Porque el Estado del dolor exige ciudadanos sumisos,

que trabajen con migrañas,

que críen hijos con vértebras rotas,

que amen con traumas activos.


Yo elijo el Tramadol.

Yo elijo el derecho a la tregua.

Yo elijo no ser mártir.


IV. De la dependencia

¿Y si me vuelvo adicto?

¿Y si dependo?

¿Acaso no dependes del café?

¿Del afecto?

¿Del salario mínimo?


La dependencia no es el crimen.

El crimen es dejar sufrir a quien suplica alivio.


V. Última proclama

Reivindico el derecho a no sufrir.

Reivindico la química como aliada.

Reivindico la calma, aunque sea artificial.


No por débil, sino por humano.

No por cobarde, sino por hartazgo.


Y si este mundo no ofrece refugio,

que venga el Tramadol, con su capa blanca,

a apagar los gritos de mis huesos,

a arrullar las pesadillas de mi cráneo.


Este no es un manifiesto por la adicción.

Es un manifiesto por el alivio.

Por el cuerpo que quiere vivir sin castigo.

Por la mente que pide tregua.

Por el alma que, por un momento,

solo un momento,

quiere estar en paz.


Bajo un sueño de marmol

  Bajo un cielo de mármol que pesa en los hombros, pájaros de zinc cortan el aire como cuchillos oxidados. Las copas de los árboles, esquel...