domingo, 7 de junio de 2026

 Te pienso a esta hora rara

en que la casa parece escuchar.

La taza olvidada sobre la mesa,
la lámpara encendida,
el ruido lejano de un coche,
todo tiene algo tuyo.

No sé cómo ocurre.

Uno pasa el día haciendo cosas:
abre puertas,
contesta preguntas,
camina por las calles,
finge que entiende el mundo.

Y de pronto llegas.

No tú,
sino tu recuerdo,
que es una forma distinta de estar.

Entonces me siento junto a la ventana
como si esperara una noticia.

Miro la noche.

La noche no dice nada,
pero acompaña.

Y pienso que tal vez amar sea esto:
guardar un lugar para alguien
aunque no venga,
aunque esté lejos,
aunque el tiempo se empeñe
en mover los muebles del corazón.

Porque hay personas
que terminan viviendo en uno.

Como la lluvia en la tierra.
Como el humo en la ropa.
Como la luz,
que se queda un momento más
cuando el día ya se ha ido.

He visto una campana crecer dentro de un pulmón de yeso,

he visto al caballo del insomnio beber tinta
de las venas abiertas del horizonte.

La noche no cae:
se descuelga a mordiscos
desde la mandíbula de un dios enfermo.

Mis manos están llenas de insectos transparentes.
Los insectos rezan.
Sus plegarias son cuchillos diminutos
que atraviesan el vientre de los espejos.

Hay una ciudad enterrada en cada grito.
Las casas tienen párpados.
Los tejados sudan leche negra.
Los niños nacen con un eclipse en la garganta
y cantan para romper las costillas del aire.

Yo camino.

Camino sobre una escalera hecha de fiebre,
mientras los árboles arrancan sus raíces
y las arrojan contra el reloj del mundo.

Todo arde sin fuego.

Arden las sombras.
Arden las piedras.
Arde la saliva de los muertos
en los labios inmóviles de las estatuas.

Y en el centro,
allí donde el corazón abandona su nombre,
una flor de hierro abre sus pétalos de sangre
para devorar el último pensamiento del cielo.

sábado, 18 de abril de 2026

Cuando me besas

Cuando me besas es como si un pintor loco tirara su cuadro en mi cara y un compositor muerto tocara su música dentro de mi cabeza.

Quiero un beso que sea brutal sucio, desesperado, uno que me deje sin aliento y con la boca ardiendo.

Un beso de caballos salvajes corriendo sobre mi pecho, de galgos persiguiéndose en mi sangre, un beso que rompa el reloj y deje todo en pausa.

Tu lengua ardiendo contra la mía, iluminando todo como un maldito rayo.

Un beso dulce también porque alguien tiene que sostenerme cuando todo lo demás se está cayendo a pedazos.

lunes, 6 de abril de 2026

Jardines vedados en llamas.

Jardines vedados en llamas.

Caen densos, como hierro líquido,

sobre la carretilla del tiempo.

Late la mirada, se estira en silencios,

y la tarde se seca

después de la lluvia.


¿En qué sueño descansas ahora?


Brotan tigres diminutos,

escarabajos que avanzan

como mareas rojas,

y guardan su secreto

hasta que rompe el alba.


En los balcones crecen hilos tensos,

una tarde suspendida,

cuerdas colgando del cielo,

margaritas vigiladas

por espinas invisibles.


Cascada, río, harapo.


Ayer regresa con el mismo pulso:

armas dulces que destilan miel,

y bocas de amapola

abriéndose paso

entre los tejados dormidos.

Te fuiste

Te fuiste para siempre… y no hubo ruido,

ni un adiós que pudiera sostener,

solo el hueco de todo lo vivido

derrumbándose lento en mi querer.


Se apagaron tus pasos en la casa,

la tarde se volvió gris sin razón,

y el silencio, que nunca me abrazaba,

aprendió a pronunciar tu nombre en voz.


Las promesas quedaron suspendidas,

como cuadros sin pared ni lugar,

y mis manos, de tanto estar vacías,

ya no saben a quién deben buscar.


Te fuiste para siempre… y aquí sigo,

recogiendo pedazos de los dos,

intentando entender por qué el destino

nos escribió en pasado el mismo amor.


Tal vez un día duela un poco menos,

tal vez aprenda al fin a soltar,

pero hoy, entre recuerdos y desvelos,

te sigo, sin querer, volviendo a amar.

Mi soledad

Mi soledad se consume en llamas ajenas.

Los minutos caen, insistentes, golpeando las paredes de un infierno sin ojos.

Arranco al fuego sus pétalos, como si fueran rosas encendidas.

El amanecer me roza en el filo tenue de la luz, pero no miraré al sol: habitaré la sombra, quieto, entre los antiguos fantasmas que me nombran.

Cuando la tarde se incline y el día se apague,

si el viento despierta, todo lo ausente, lo que el tiempo dejó atrás, girará en silencio,

acumulándose en ese rincón del corazón que nunca olvida.

a dormir entre restos

 Bajaré luego,

cuando me dé la gana, a recoger lo poco que dejé tirado en tu vida.

Meteré la mano por la ventana como un ladrón sin prisa, revolviendo tu cuarto ese cuarto pequeño, jodido, que siempre olió a derrota (incluso cuando yo estaba).

Ahora debe oler peor.

Frío, como tus manos cuando ya no decían nada, como esa manera tuya de quedarte mirando la pared mientras todo se iba al carajo.

La gata seguirá ahí, seguro, hecha un ovillo, durmiendo como si entendiera más que nosotros, como si supiera que todo esto no valía gran cosa.

 Te pienso a esta hora rara en que la casa parece escuchar. La taza olvidada sobre la mesa, la lámpara encendida, el ruido lejano de un coch...