miércoles, 25 de marzo de 2026

La Noche

 la noche batia sus alas

y tu las tuyas.


la mesa cojeaba

como si supiera algo

que nosotros no.


tú abrías y cerrabas un cajón

sin buscar nada,

solo por el ruido,

como quien intenta

llenar un hueco

con madera y eco.


afuera, un perro ladraba

a algo que no podía ver.

pensé que era justo.


habíamos llegado a eso:

ruidos pequeños

para no escuchar

lo importante.


dijiste mi nombre

como si fuera un objeto olvidado,

algo que se deja

en cualquier parte.


yo asentí,

porque asentir es fácil

cuando ya no queda

mucho que perder.


la botella seguía ahí,

mirándonos,

esperando que alguien

terminara el trabajo.


pero nadie se movió.


y en ese instante supe

que no era tristeza,

ni rabia,

ni siquiera soledad.


era algo peor:


la costumbre

de quedarse

cuando ya no hay

ninguna razón

para hacerlo.

La Botella

 La botella estaba a medio morir

y yo también.


El ventilador giraba como si tuviera algo que decir,

pero nunca decía nada.

Como tú, aquella noche,

sentada en la cocina

mirando una grieta en la pared

como si ahí estuviera la respuesta.


Había platos sucios,

un vaso con marcas de labios viejos,

y ese silencio barato

que se queda cuando ya no queda nada más.


Encendí un cigarrillo

aunque había prometido dejarlo,

aunque había prometido tantas cosas

que ya no cabían en esta casa.


Tú dijiste algo—

no recuerdo qué—

pero sonó como una puerta cerrándose

en otro apartamento.


Y pensé:

esto es todo.


No hubo gritos,

ni lágrimas elegantes,

ni redención.


Solo dos personas

demasiado cansadas

para fingir que el amor

no se había ido

mucho antes

de que lo notáramos.

jueves, 19 de marzo de 2026

a veces

a veces el amor es una silla vacía

no la miras al principio

porque hay ruido, vasos, risas
y alguien contando la misma historia de siempre

pero ahí está
esperando

una silla que nadie ocupa
como si supiera algo
como si hubiera visto venir la ausencia
antes que tú

te sientas cerca
por costumbre, por inercia
y dejas un espacio
como quien deja pan para un fantasma

pasa el tiempo
y el ruido se va gastando
las voces se apagan
y la noche empieza a parecerse a la verdad

entonces la ves bien
la forma exacta del vacío
el hueco que no se llena con nada
ni con vino
ni con otras manos
ni con palabras dichas a medias

a veces el amor no se rompe
no hace ruido
no se despide

simplemente se levanta
y no vuelve

y tú te quedas ahí
mirando una silla
como si en cualquier momento
fuera a recordar tu nombre

pero no

las sillas vacías
no recuerdan a nadie
solo sostienen
el peso invisible
de lo que ya no está.

Ella dijo

ella dijo que nunca dejaría de amarme
y yo le creí
como se cree en el último cigarro
cuando ya no queda nada más que humo
y la noche pegada a los huesos

lo dijo en una cocina desordenada
con platos sucios y una botella barata
la luz amarilla cayéndole en la cara
como si fuera verdad

yo asentí
porque a veces uno necesita mentiras
que suenen como promesas
aunque huelan a despedida

pasaron los días
lentos, torcidos, llenos de nada
y su voz empezó a irse
como se van los trenes que no tomas
porque estás demasiado cansado
o demasiado roto

una mañana
ni siquiera dijo adiós
solo el lado vacío de la cama
y un silencio que gritaba más que cualquier pelea

ella dijo que nunca dejaría de amarme
y tal vez no mintió
tal vez simplemente
no sabía cuánto dura el nunca

yo encendí otro cigarro
miré la ventana
y dejé que el mundo siguiera cayéndose
como siempre hace

sin promesas
sin testigos
sin ella.

lunes, 16 de marzo de 2026

a veces el amor es una silla vacía

te vi caminar con los zapatos rotos

y supe que eras más mía que nadie,

porque sólo los que han perdido algo

aprenden a sostener el alma con las manos.


no tenías perfume,

ni promesas,

ni esas sonrisas que venden los domingos en las iglesias,

pero tenías cansancio,

y una forma de mirar que decía

“no te vayas todavía.”


yo tampoco tenía gran cosa:

unas monedas sueltas,

un cigarro aplastado en la camisa,

y una tristeza vieja,

como perro sin dientes.


pero contigo aprendí a decir "buenas noches"

como si fuera un rezo

y no una despedida.


a veces nos amábamos como se aman los que saben

que todo puede romperse en cualquier momento,

con los ojos cerrados

y los puños abiertos.


me dijiste:

“no soy de nadie,

pero me puedes acompañar un rato.”

y ese rato se me quedó colgado en el pecho

como una fotografía que no quiero guardar.


porque eras caos,

y ternura,

y un poco de pan caliente

en un mundo que solo da piedras.


y yo,

yo sólo quería que alguien se quedara,

aunque fuera en silencio,

aunque fuera sin futuro,

aunque fuera sólo

por esta noche.

Te fuiste ayer

Te fuiste ayer

y no pasó nada.


No se rompió el cielo.

No tembló la tierra.

No lloró el portero del edificio.


Sólo

faltaba una taza en la mesa.

Y el sonido del agua

ya no era el mismo en la ducha.


Tu cepillo de dientes

me miró con lástima

desde la basura.


No llamaste.

Yo tampoco.


Pero en el metro,

una mujer se rió

como tú.

Y se me cayó el alma

al suelo.

viernes, 13 de marzo de 2026

los perros no sueñan con la gloria

las luces parpadean

como si supieran que no tengo para pagar la cuenta,

y la cerveza —

tibia,

igual que mi fe en la humanidad.


afuera llueve,

pero adentro duele más.


ella se fue hace tres inviernos

y dejó su cepillo de dientes

como si fuera una amenaza silenciosa.

desde entonces,

las mujeres entran,

se ríen de mis libros,

y se van antes del amanecer,

como debe ser.


yo escribo,

no porque tenga algo que decir,

sino porque no tengo otra cosa.

es eso o mirar la pared

hasta que me confunda con ella.


los poetas con traje

no entienden esto.

ellos creen que el dolor

es un ejercicio estético.

yo les digo que el dolor

es no tener cigarrillos a las dos de la mañana

cuando todo te pesa más que tus huesos.


no hay redención.

no hay dios.

no hay final feliz.

sólo este teclado sucio

y un corazón que todavía late

por inercia.

La Noche

 la noche batia sus alas y tu las tuyas. la mesa cojeaba como si supiera algo que nosotros no. tú abrías y cerrabas un cajón sin buscar nada...