lunes, 17 de agosto de 2026

Bajo un sueño de marmol

 Bajo un cielo de mármol que pesa en los hombros,

pájaros de zinc cortan el aire como cuchillos oxidados. Las copas de los árboles, esqueletos de gigantes prehistóricos, sostienen urnas naufragadas de muertos anónimos que gritan sin boca.

Una radio se queja a lo lejos, su lamento se enrosca como serpiente en la garganta del viento. Millones de esperanzas se derrumban a la vez, caen del vacío agrio de colchones amarillentos donde alguna vez germinaron semillas, flores, sol y aire fresco, ahora todo fermenta en un cuerpo podrido.

Las voces se transforman en hojarasca, ardiendo en el fuego del silencio, para renacer otra vez en el mismo silencio.

Los ojos, como cera blanda, se derriten y ruedan por el suelo, dejando espacio para la oscuridad que no pide permiso, que lo invade todo, que se ríe de los vivos y los muertos,

Y LOS TRAGA SIN DEJAR RASTRO.

Bajo un cielo de mármol que grita con voz de piedra, pájaros de zinc perforan el aire, cortando carne invisible. Los árboles son esqueletos que se retuercen, sus urnas naufragadas gimen en el viento, los muertos anónimos se revuelven dentro de su propio polvo.

Una radio vomita quejas a lo lejos, y cada queja es un puñal que atraviesa millones de esperanzas, que se desploman del vacío ácido de colchones amarillentos, donde el sol, las semillas y la flor se pudrieron en un mismo cuerpo.

Las voces se incendian como hojarasca en el incendio del silencio, y del fuego surge otro silencio, más pesado, más devorador.

Los ojos como cera se derriten, se mezclan con la tierra, la oscuridad los traga, los retuerce, los convierte en ríos de sombra.

Todo vibra, todo sangra, todo ruge: el aire es un látigo, el suelo una lengua que mastica los cuerpos, el cielo un cráneo que llueve vidrio.

Y yo grito dentro de mí, pero mi grito es devorado, triturado, y lo que queda es un delirio sin forma que arrastra los huesos, las voces, los ojos y los vomita otra vez en el mundo, un mundo que no sabe si está vivo o muerto,

Y A NADIE LE IMPORTA.

Cielo de mármol. Pájaros de zinc que cortan dientes del aire. Árboles—esqueletos—urnas hundidas en gritos secos. Muertos anónimos que se revuelven como larvas en polvo viejo.

Radio vomita quejas. Quejas que atraviesan millones de esperanzas. Colchones amarillentos, agrio vacío, sol podrido, semillas rotas, aire enmohecido, todo fermenta, todo se pudre, todo golpea.

Voces: hojarasca en el incendio del silencio. Silencio: fuego que muerde, que mastica, que nace otra vez.

Ojos de cera, derretidos, ruedan, se confunden con sombras, oscuridad que devora, que se ríe de todo, que tritura las venas del mundo.

El suelo respira con lengua de látigo. El cielo llueve vidrio. Los cuerpos tiemblan, se parten, se disuelven.

Yo grito. Mi grito: triturado. Mi boca: un pozo donde caen voces, huesos, lágrimas secas, y salen otra vez, mezclados, vomitados, mientras el aire me corta la garganta.

Todo es fragmento. Todo sangra. Todo ruge. El mundo se quiebra. Los muertos y los vivos se confunden y nadie sabe dónde empieza la carne y dónde termina el sueño.

Yo existo en el delirio, un delirio que golpea, que aplasta, un delirio que arrastra todo y no deja nada.

Azogue

ella me olvidó.

así de simple.

como se olvida un vaso en el fregadero, una camisa vieja al fondo del armario, una llamada que nunca se devuelve.

me olvidó.

yo sigo aquí, en esta cocina que huele a humo frío y a café recalentado, mirando cómo el cigarro se consume más despacio que yo.

la ceniza cae como caen ciertas cosas: sin drama, sin música, sin que nadie se levante a impedirlo.

bebo. no porque ayude. nada ayuda. pero el alcohol por lo menos pone una sábana sucia encima de los recuerdos.

a veces la memoria llega como un cuchillo sin filo: no corta, raspa.

su risa en la puerta. sus piernas cruzadas en el borde de la cama. esa manera de mirarme como si todavía hubiera algo salvable en mí.

y después, nada.

solo el metal frío contra la piel, solo esa vieja costumbre de buscar dolor para tapar otro dolor.

la sangre sale sin hacer preguntas.

roja, honesta, más honesta que nosotros.

corre despacio por el brazo como si también ella quisiera recordar por dónde se fue todo lo que importaba.

ella me olvidó.

y cada hora es un cuarto vacío donde entro solo, me siento, fumo otro cigarro y espero como esperan los idiotas:

sin aprender nunca que algunas personas se van y no dejan ni siquiera la cortesía 

de un fantasma. 

miércoles, 8 de julio de 2026

Anne 2

 Ane tenía la piel suave, sí, pero no como dicen en los poemas baratos,

sino como algo que no debería estar en ese sitio.

demasiado limpia para aquellas paredes demasiado viva para tanta pastilla.

la conocí en psiquiatría, claro, dónde si no.

yo estaba hecho polvo, ella también, y eso fue suficiente.

se sentó a mi lado sin pedir permiso, como si ya nos hubiéramos roto juntos antes.

traía una bolsita ridícula, de esas que parecen inofensivas, con sudokus, mandalas y rotuladores de colores como si colorear pudiera arreglar algo.

tenía 22 años y una tristeza vieja, de esas que no deberían caber en un cuerpo tan joven.

hablaba poco, pero cuando lo hacía se notaba el abismo.

sus manos marcadas, sus ideas peor.

yo tampoco estaba para dar lecciones: brazos abiertos en canal, ruido en la cabeza, cosas que no se iban ni durmiendo.

y aun así nos sentábamos a pintar mandalas como dos idiotas intentando ordenar el caos con círculos.

yo recitaba mierda que escribía, ella escuchaba como si importara.

íbamos hasta arriba de pastillas, lentos, torcidos, pero en algún punto coincidíamos.

y eso era suficiente.

no era amor, ni salvación, ni ninguna de esas palabras grandes.

era compañía en el sitio equivocado en el momento exacto.

Ane, donde sea que estés,

espero que sigas respirando, aunque sea por inercia.

y que no te hayas perdido del todo.

me dijiste que no lo harías.

yo, por si acaso, todavía me acuerdo.

sábado, 4 de julio de 2026

Poema II

 Te vi,

la luz rota en la ventana,

el humo colgado en el aire,

y algo en vos que no pedía palabras.


No hubo promesas,

ni grandes gestos,

solo el roce breve

de tu mano en la mía,

y la urgencia de no dejarte ir.


Amar a veces es eso:

un trago amargo,

un silencio que quema,

y la certeza de que, aunque duela,

quiero estar aquí,

a tu lado, sin máscaras ni cuentos.


Porque en esta vida rara,

Vos sos la única verdad

que no quiero perder.

domingo, 7 de junio de 2026

 Te pienso a esta hora rara

en que la casa parece escuchar.

La taza olvidada sobre la mesa,
la lámpara encendida,
el ruido lejano de un coche,
todo tiene algo tuyo.

No sé cómo ocurre.

Uno pasa el día haciendo cosas:
abre puertas,
contesta preguntas,
camina por las calles,
finge que entiende el mundo.

Y de pronto llegas.

No tú,
sino tu recuerdo,
que es una forma distinta de estar.

Entonces me siento junto a la ventana
como si esperara una noticia.

Miro la noche.

La noche no dice nada,
pero acompaña.

Y pienso que tal vez amar sea esto:
guardar un lugar para alguien
aunque no venga,
aunque esté lejos,
aunque el tiempo se empeñe
en mover los muebles del corazón.

Porque hay personas
que terminan viviendo en uno.

Como la lluvia en la tierra.
Como el humo en la ropa.
Como la luz,
que se queda un momento más
cuando el día ya se ha ido.

He visto una campana crecer dentro de un pulmón de yeso,

he visto al caballo del insomnio beber tinta
de las venas abiertas del horizonte.

La noche no cae:
se descuelga a mordiscos
desde la mandíbula de un dios enfermo.

Mis manos están llenas de insectos transparentes.
Los insectos rezan.
Sus plegarias son cuchillos diminutos
que atraviesan el vientre de los espejos.

Hay una ciudad enterrada en cada grito.
Las casas tienen párpados.
Los tejados sudan leche negra.
Los niños nacen con un eclipse en la garganta
y cantan para romper las costillas del aire.

Yo camino.

Camino sobre una escalera hecha de fiebre,
mientras los árboles arrancan sus raíces
y las arrojan contra el reloj del mundo.

Todo arde sin fuego.

Arden las sombras.
Arden las piedras.
Arde la saliva de los muertos
en los labios inmóviles de las estatuas.

Y en el centro,
allí donde el corazón abandona su nombre,
una flor de hierro abre sus pétalos de sangre
para devorar el último pensamiento del cielo.

sábado, 18 de abril de 2026

Cuando me besas

Cuando me besas es como si un pintor loco tirara su cuadro en mi cara y un compositor muerto tocara su música dentro de mi cabeza.

Quiero un beso que sea brutal sucio, desesperado, uno que me deje sin aliento y con la boca ardiendo.

Un beso de caballos salvajes corriendo sobre mi pecho, de galgos persiguiéndose en mi sangre, un beso que rompa el reloj y deje todo en pausa.

Tu lengua ardiendo contra la mía, iluminando todo como un maldito rayo.

Un beso dulce también porque alguien tiene que sostenerme cuando todo lo demás se está cayendo a pedazos.

Bajo un sueño de marmol

  Bajo un cielo de mármol que pesa en los hombros, pájaros de zinc cortan el aire como cuchillos oxidados. Las copas de los árboles, esquel...