sábado, 18 de abril de 2026

Cuando me besas

Cuando me besas es como si un pintor loco tirara su cuadro en mi cara y un compositor muerto tocara su música dentro de mi cabeza.

Quiero un beso que sea brutal sucio, desesperado, uno que me deje sin aliento y con la boca ardiendo.

Un beso de caballos salvajes corriendo sobre mi pecho, de galgos persiguiéndose en mi sangre, un beso que rompa el reloj y deje todo en pausa.

Tu lengua ardiendo contra la mía, iluminando todo como un maldito rayo.

Un beso dulce también porque alguien tiene que sostenerme cuando todo lo demás se está cayendo a pedazos.

lunes, 6 de abril de 2026

Jardines vedados en llamas.

Jardines vedados en llamas.

Caen densos, como hierro líquido,

sobre la carretilla del tiempo.

Late la mirada, se estira en silencios,

y la tarde se seca

después de la lluvia.


¿En qué sueño descansas ahora?


Brotan tigres diminutos,

escarabajos que avanzan

como mareas rojas,

y guardan su secreto

hasta que rompe el alba.


En los balcones crecen hilos tensos,

una tarde suspendida,

cuerdas colgando del cielo,

margaritas vigiladas

por espinas invisibles.


Cascada, río, harapo.


Ayer regresa con el mismo pulso:

armas dulces que destilan miel,

y bocas de amapola

abriéndose paso

entre los tejados dormidos.

Te fuiste

Te fuiste para siempre… y no hubo ruido,

ni un adiós que pudiera sostener,

solo el hueco de todo lo vivido

derrumbándose lento en mi querer.


Se apagaron tus pasos en la casa,

la tarde se volvió gris sin razón,

y el silencio, que nunca me abrazaba,

aprendió a pronunciar tu nombre en voz.


Las promesas quedaron suspendidas,

como cuadros sin pared ni lugar,

y mis manos, de tanto estar vacías,

ya no saben a quién deben buscar.


Te fuiste para siempre… y aquí sigo,

recogiendo pedazos de los dos,

intentando entender por qué el destino

nos escribió en pasado el mismo amor.


Tal vez un día duela un poco menos,

tal vez aprenda al fin a soltar,

pero hoy, entre recuerdos y desvelos,

te sigo, sin querer, volviendo a amar.

Mi soledad

Mi soledad se consume en llamas ajenas.

Los minutos caen, insistentes, golpeando las paredes de un infierno sin ojos.

Arranco al fuego sus pétalos, como si fueran rosas encendidas.

El amanecer me roza en el filo tenue de la luz, pero no miraré al sol: habitaré la sombra, quieto, entre los antiguos fantasmas que me nombran.

Cuando la tarde se incline y el día se apague,

si el viento despierta, todo lo ausente, lo que el tiempo dejó atrás, girará en silencio,

acumulándose en ese rincón del corazón que nunca olvida.

a dormir entre restos

 Bajaré luego,

cuando me dé la gana, a recoger lo poco que dejé tirado en tu vida.

Meteré la mano por la ventana como un ladrón sin prisa, revolviendo tu cuarto ese cuarto pequeño, jodido, que siempre olió a derrota (incluso cuando yo estaba).

Ahora debe oler peor.

Frío, como tus manos cuando ya no decían nada, como esa manera tuya de quedarte mirando la pared mientras todo se iba al carajo.

La gata seguirá ahí, seguro, hecha un ovillo, durmiendo como si entendiera más que nosotros, como si supiera que todo esto no valía gran cosa.

miércoles, 25 de marzo de 2026

La Noche

 la noche batia sus alas

y tu las tuyas.


la mesa cojeaba

como si supiera algo

que nosotros no.


tú abrías y cerrabas un cajón

sin buscar nada,

solo por el ruido,

como quien intenta

llenar un hueco

con madera y eco.


afuera, un perro ladraba

a algo que no podía ver.

pensé que era justo.


habíamos llegado a eso:

ruidos pequeños

para no escuchar

lo importante.


dijiste mi nombre

como si fuera un objeto olvidado,

algo que se deja

en cualquier parte.


yo asentí,

porque asentir es fácil

cuando ya no queda

mucho que perder.


la botella seguía ahí,

mirándonos,

esperando que alguien

terminara el trabajo.


pero nadie se movió.


y en ese instante supe

que no era tristeza,

ni rabia,

ni siquiera soledad.


era algo peor:


la costumbre

de quedarse

cuando ya no hay

ninguna razón

para hacerlo.

La Botella

 La botella estaba a medio morir

y yo también.


El ventilador giraba como si tuviera algo que decir,

pero nunca decía nada.

Como tú, aquella noche,

sentada en la cocina

mirando una grieta en la pared

como si ahí estuviera la respuesta.


Había platos sucios,

un vaso con marcas de labios viejos,

y ese silencio barato

que se queda cuando ya no queda nada más.


Encendí un cigarrillo

aunque había prometido dejarlo,

aunque había prometido tantas cosas

que ya no cabían en esta casa.


Tú dijiste algo—

no recuerdo qué—

pero sonó como una puerta cerrándose

en otro apartamento.


Y pensé:

esto es todo.


No hubo gritos,

ni lágrimas elegantes,

ni redención.


Solo dos personas

demasiado cansadas

para fingir que el amor

no se había ido

mucho antes

de que lo notáramos.

Cuando me besas

Cuando me besas es como si un pintor loco tirara su cuadro en mi cara y un compositor muerto tocara su música dentro de mi cabeza. Quier...