Te pienso a esta hora rara
en que la casa parece escuchar.
La taza olvidada sobre la mesa,
la lámpara encendida,
el ruido lejano de un coche,
todo tiene algo tuyo.
No sé cómo ocurre.
Uno pasa el día haciendo cosas:
abre puertas,
contesta preguntas,
camina por las calles,
finge que entiende el mundo.
Y de pronto llegas.
No tú,
sino tu recuerdo,
que es una forma distinta de estar.
Entonces me siento junto a la ventana
como si esperara una noticia.
Miro la noche.
La noche no dice nada,
pero acompaña.
Y pienso que tal vez amar sea esto:
guardar un lugar para alguien
aunque no venga,
aunque esté lejos,
aunque el tiempo se empeñe
en mover los muebles del corazón.
Porque hay personas
que terminan viviendo en uno.
Como la lluvia en la tierra.
Como el humo en la ropa.
Como la luz,
que se queda un momento más
cuando el día ya se ha ido.