viernes, 28 de noviembre de 2025

MAPA PEQUEÑO DE NOSOTROS

en la cocina

la luz cae

sobre dos tazas

-las dejo así-

como si fueran

tu mano y la mía

descansando.


el día empieza

sin prisa,

apenas un murmullo

de calles que despiertan.

yo también despierto

cuando recuerdo

tu voz diciendo

"vuelvo pronto"



en el alfeizar

una naranja abierta

brilla como un secreto,

y pienso

que el mundo entero

cabe en estas cosa:

la fruta

el calor que queda

en una silla vacía



te amo así

en el minimo

una palabra doblada

dentro del bolsillo,

la sombra de tu paso

en la puerta,

el silencio que no pesa

cuando estás.


y si la tarde cae

la dejo caer,

tu nombre

hace su propio fuego

y con el basta

para encontrar

mi camino

hacia ti. 


jueves, 27 de noviembre de 2025

Poema

 

te encontré

como quien encuentra

un billete olvidado

en el bolsillo de un abrigo


no lo esperaba

pero de pronto

el día brillaba


apoyada en la ventana

bebiendo café

como si el mundo

fuera un pequeño cuenco tibio

entre tus manos


yo pense:

esto es

lo que WC Williams diria

con una sola imagen

una fruta sobre la mesa

la luz inclinada

y tu nombre

quieto

como si pudiera sostenerlo



pero Prévert

me soplo al oído

que el amor

no se explica

se deja caer

se desordena

como papeles de colores

lloviendo sobre una plaza


así que vengo

con mis bolsillos llenos

de palabras simples

para decirte:

qué milagro

que estés aquí

sentada

respirando conmigo

en esta mañana

que no pedí

y sin embargo

me lo da todo.


viernes, 21 de noviembre de 2025

MANIFIESTO TRAMADÓLICO

 Yo acuso

a los sacerdotes del dolor que predican la virtud del sufrimiento como si el cuerpo fuera una cárcel necesaria,

como si cada lágrima debiera ser ganada con sudor y espasmo,

como si el sistema nervioso fuera un tribunal moral.


Yo declaro

que el dolor físico no ennoblece.

Que el sufrimiento psíquico no educa.

Que no hay redención en la carne torturada ni epifanía en la ansiedad que asfixia a las tres de la madrugada.


Y en este abismo,

yo proclamo al Tramadol como arma blanca,

como hostia química,

como bálsamo hereje.


I. Del dolor como mentira funcional

El mundo occidental ha hecho del dolor una institución.

Lo administra. Lo regula. Lo niega si no se puede ver en una radiografía.

Si no sangras, no sufres.

Si no cojeas, no te creen.

Si no tienes fiebre, tu infierno no importa.


Pero hay cuerpos que chillan en silencio.

Y mentes que se retuercen sin ruido.

Ahí entra el Tramadol,

no como evasión, sino como interruptor.

Corta la corriente del tormento.

Apaga el fuego en las sinapsis.


II. Del Tramadol como conjuro moderno

No es una droga, es una invocación.

Es una fórmula.

Una alquimia.

Es la pastilla que se traga como una oración sin dios.


Y no calma sólo la rodilla rota.

Calma el pensamiento que se estrella.

La obsesión que muerde.

La memoria que no perdona.


¿Qué tiene de malo querer respirar?

¿Qué tiene de criminal querer dormir sin soñar con cuchillos?


III. Contra la moralina médica

Hay médicos que recetan con culpa,

farmacéuticos que entregan con juicio en los ojos,

psiquiatras que dudan si duele tanto como dices.


El dolor es político.

Y el Tramadol es desobediencia.


Porque el Estado del dolor exige ciudadanos sumisos,

que trabajen con migrañas,

que críen hijos con vértebras rotas,

que amen con traumas activos.


Yo elijo el Tramadol.

Yo elijo el derecho a la tregua.

Yo elijo no ser mártir.


IV. De la dependencia

¿Y si me vuelvo adicto?

¿Y si dependo?

¿Acaso no dependes del café?

¿Del afecto?

¿Del salario mínimo?


La dependencia no es el crimen.

El crimen es dejar sufrir a quien suplica alivio.


V. Última proclama

Reivindico el derecho a no sufrir.

Reivindico la química como aliada.

Reivindico la calma, aunque sea artificial.


No por débil, sino por humano.

No por cobarde, sino por hartazgo.


Y si este mundo no ofrece refugio,

que venga el Tramadol, con su capa blanca,

a apagar los gritos de mis huesos,

a arrullar las pesadillas de mi cráneo.


Este no es un manifiesto por la adicción.

Es un manifiesto por el alivio.

Por el cuerpo que quiere vivir sin castigo.

Por la mente que pide tregua.

Por el alma que, por un momento,

solo un momento,

quiere estar en paz.


LOCURA ESCRITA EN CARNE VIVA

Yo no estoy loco.

Es el mundo el que se rompió adentro de mi cráneo.


Yo no estoy loco:

tengo los ojos llenos de cuchillos

y la lengua untada con esperma de dios muerto.


La razón es un uniforme.

Yo me lo quité.

Yo me arranqué la etiqueta del alma

y bajé, desnudo, al sótano donde chillan los ángeles deformes.


La locura no es grito.

Es silencio que se retuerce con olor a hospital.

Es escuchar los pensamientos de los objetos,

ver la forma en que la silla me odia,

sentir la traición del aire cuando respiro.


He probado la lucidez.

La cuerda es un potro de tortura.

La cordura es obediencia del cuerpo a una ley que no escribí.


Prefiero morderme los dedos

antes que escribir otra frase normal.

Prefiero tragarme mi sombra

antes que firmar con sangre el contrato de lo “estable”.


Yo no quiero curarme.

Quiero explotar.

Quiero que el mundo sepa cómo cruje una mente

cuando Dios se suicida en ella.


No me miren.

Escúchenme desde el estómago.

Sientan esta voz que no es mía,

es del otro que vive en mi médula.


Ese otro.

Ese gusano.

Ese niño invertido.

Ese útero al revés.

Ese que reza con espuma en los labios.


Yo no estoy loco.

Estoy abierto.

Estoy poseído de humanidad sin filtro.

Estoy enfermo de conciencia.


Y la conciencia,

¡maldita sea!,

es el delirio más perfecto.


Poema sin gloria (ni disculpas)

 Te amé

como se ama en la estación del metro a las seis de la tarde,

con el cuerpo apretado contra otros cuerpos

y sin espacio para respirar bien.

Pero te amé.

A mi modo,

con mi desastre de horarios

y mi mal humor después del trabajo.


Te quise sin metáforas.

Sin mariposas ni lunas ni promesas de domingo.

Yo no sé hacer esas cosas.

Te di lo que tenía:

una cama a veces deshecha,

un par de libros que no prestaba,

mi silencio cuando no sabía qué decir

y mis palabras cuando ya no podía callarme.


Tú querías un poema,

yo te escribí un recibo de luz.

Querías flores,

yo te ofrecí sombra.


Y aún así,

hubo noches

en que fuimos dioses en el cuarto 302,

milagros sin fe,

gritos que no pedían perdón.


No me pidas que te olvide,

pero tampoco me pidas que te escriba.

No soy Sabines,

ni tú eres la muerte.

Solo somos dos personas

que se quisieron mal

pero se tocaron bien.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Café Recalentado

 El café recalentado

sabe a la misma culpa de siempre.

lo tomo igual.

porque hay mañanas

que no merecen nada mejor.


la ciudad despierta

con su tos de motores viejos.

yo también toso,

pero por otras razones.


reviso el bolsillo

dos monedas,

un ticket arrugado,

y un nombre

que ya no debería doler.


el vecino de arriba

grita por telefono.

suena como si le estuvieran

la vida a golpes.

quizá si-

quizá todos tenemos a alguien

haciendo ese trabajo por nosotros.


termino el cafe,

me pongo los zapatos

que huelen a dias malos

y salgo.


la calle promete nada,

y aun así sigo.

a veces basta con eso:

seguir

aunque no haya ningún sitio

que realmente espere tu llegada.

jueves, 13 de noviembre de 2025

 https://youtu.be/ELiiUKfJCMk?si=PYQ2NBvcgStv0mkU

ella fumaba palabras

 ella fumaba palabras

y las exhalaba en mi cara

como si fueran canciones de amor mal grabadas

en un cassette que se rebobina con birome

a las tres de la mañana


me hablaba de los gatos callejeros

de los trenes que nunca tomó

de una flor que creció entre dos baldosas rotas

como si fuera lo más normal del mundo


ella —decía—

no creía en dios

pero sí en los paraguas rotos

en las películas en blanco y negro

y en los besos dados de espaldas al sol


un día me dijo

"te quiero"

con una papa frita en la boca

y fue el verso más hermoso que escuché en mi vida

ni Rimbaud ni Aragon ni el loco de Paul Éluard

habrían podido con eso


nos amamos como se ama en las canciones tristes

sin pensar en el final

como si el amor fuera una huelga general

contra la tristeza


y después se fue

como se va un poema olvidado

en la servilleta de un bar


pero a veces la veo

en la sombra de una bicicleta

en el ruido de un cine viejo

o en una palabra mal dicha por un niño

y sonrío


porque el amor

no siempre se queda

pero a veces

deja miguitas

para que no nos perdamos.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Los dias se parecen

 el cafe estaba frio

la radio hablaba sola

una voz gastada contando malas noticias


pense en limpiar el departamento

pero para qué?

el polvo ya me conoce por mi nombre


afuera el vecino gritaba con su mujer

otra vez.

las mismas palabras, distintas noches.


encendi un cigarro

el humo se enrosco en la luz amarilla

como si buscara una salida


no hay grandes tragedias

solo pequeños derrumbes

que uno aprende a barrer con los pies

un perro ladra

la nevera hizo ese ruido raro

y todo siguió igual

como siempre.

Después del turno

 El reloj marcaba las diez

cuando sali del bar.

había llovido un poco,

no lo suficiente para limpiar nada


el cajero del supermercado

fumaba afuera

mirando la nada

como si esperara un milagro chico

uno que cupiera en el bolsillo


pense en llamarla

pero el telefono estaba sin bateria

y la verdad

no tenia mucho que decirle


las luces de los autos

pasaban como recuerdos rápidos

uno tras otro

sin quedarse

sin preguntar


compre una cerveza tibia

me sente en la acera

y vi a un perro escarvar en la basura

parecia entenderlo todo mejor que yo.

a veces

a veces el amor es una silla vacía no la miras al principio porque hay ruido, vasos, risas y alguien contando la misma historia de siempre...