miércoles, 7 de octubre de 2026

No Hay Mañana

No hay nada del mañana que valga la pena sin vos.

El alma es este pozo, y el espíritu —un cable pelado— chisporrotea en la noche, cae dentro de ella como un animal herido que no encuentra fondo.

Mi corazón no late: corre. Corre asustado, solo, cansado de llegar siempre al mismo cuarto.

Si pudiera equivocarme de una vez. Fallar a propósito. Dejar de clavar cada pensamiento como un cuchillo limpio en el centro exacto del miedo.

Las palabras son llagas. Me dictan desde las cosas más idiotas: un árbol, un pájaro, una ventana abierta, la humedad de una pared.

Todo habla aunque yo haya querido apagarlo.

Letra por letra, vocal por vocal, como una gota lenta de veneno en la sien, como agujas metiéndose despacio en la carne.

Las palabras se me echan encima, me abrazan con su fiebre de hospital, con su histeria de perro abandonado.

Yo fui el que cerró la puerta. Yo dije: que no entre nadie. Y desde entonces la casa aprendió a quedarse muda.

Yo dije: que las flores se callen. Y dejaron de oler.

Yo dije: que no haya pájaros. Y barrí los nidos, rompí las ramas, me tragué los días uno por uno para llegar hasta esta noche sin testigos.

Pero si pudiera gritar.

Si pudiera sacarme de encima este cuerpo mal armado, desatornillar los huesos, vaciarme el pecho, tirar lo podrido, ajustar el corazón como se arregla un motor viejo que todavía quiere andar.

Porque en el fondo, aunque escupa, aunque rompa, aunque cierre todo,

yo sigo siendo eso:

una puerta abierta a cualquier hora,

una escalera encendida,

una sombra en la ventana todavía despierta, todavía esperando que vuelvas.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Me Arde La Vida

  Me arde la vida, este don que no pedí, que no sé sostener. La oculto durante el día, le hundo la frente en el agua, le apago el grito ...