Te fuiste ayer
y no pasó nada.
No se rompió el cielo.
No tembló la tierra.
No lloró el portero del edificio.
Sólo
faltaba una taza en la mesa.
Y el sonido del agua
ya no era el mismo en la ducha.
Tu cepillo de dientes
me miró con lástima
desde la basura.
No llamaste.
Yo tampoco.
Pero en el metro,
una mujer se rió
como tú.
Y se me cayó el alma
al suelo.
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