La botella estaba a medio morir
y yo también.
El ventilador giraba como si tuviera algo que decir,
pero nunca decía nada.
Como tú, aquella noche,
sentada en la cocina
mirando una grieta en la pared
como si ahí estuviera la respuesta.
Había platos sucios,
un vaso con marcas de labios viejos,
y ese silencio barato
que se queda cuando ya no queda nada más.
Encendí un cigarrillo
aunque había prometido dejarlo,
aunque había prometido tantas cosas
que ya no cabían en esta casa.
Tú dijiste algo—
no recuerdo qué—
pero sonó como una puerta cerrándose
en otro apartamento.
Y pensé:
esto es todo.
No hubo gritos,
ni lágrimas elegantes,
ni redención.
Solo dos personas
demasiado cansadas
para fingir que el amor
no se había ido
mucho antes
de que lo notáramos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario