Jardines vedados en llamas.
Caen densos, como hierro líquido,
sobre la carretilla del tiempo.
Late la mirada, se estira en silencios,
y la tarde se seca
después de la lluvia.
¿En qué sueño descansas ahora?
Brotan tigres diminutos,
escarabajos que avanzan
como mareas rojas,
y guardan su secreto
hasta que rompe el alba.
En los balcones crecen hilos tensos,
una tarde suspendida,
cuerdas colgando del cielo,
margaritas vigiladas
por espinas invisibles.
Cascada, río, harapo.
Ayer regresa con el mismo pulso:
armas dulces que destilan miel,
y bocas de amapola
abriéndose paso
entre los tejados dormidos.