viernes, 13 de marzo de 2026

los perros no sueñan con la gloria

las luces parpadean

como si supieran que no tengo para pagar la cuenta,

y la cerveza —

tibia,

igual que mi fe en la humanidad.


afuera llueve,

pero adentro duele más.


ella se fue hace tres inviernos

y dejó su cepillo de dientes

como si fuera una amenaza silenciosa.

desde entonces,

las mujeres entran,

se ríen de mis libros,

y se van antes del amanecer,

como debe ser.


yo escribo,

no porque tenga algo que decir,

sino porque no tengo otra cosa.

es eso o mirar la pared

hasta que me confunda con ella.


los poetas con traje

no entienden esto.

ellos creen que el dolor

es un ejercicio estético.

yo les digo que el dolor

es no tener cigarrillos a las dos de la mañana

cuando todo te pesa más que tus huesos.


no hay redención.

no hay dios.

no hay final feliz.

sólo este teclado sucio

y un corazón que todavía late

por inercia.

La lengua se me rompe en los dientes

 Mi lengua se me rompe en los dientes.

No es palabra: es hueso astillado.

Dentro de la cabeza

hay un teatro sin cortinas

donde los actores gritan sin garganta

y las luces son agujas

clavadas en los ojos del pensamiento.

Yo no pienso.

Me piensan.

Las voces no vienen de fuera.

Nacen como insectos

en la medula del silencio

y suben por las paredes del craneo

rascando,

rascando,

rascando.

Mi nombre ya no me pertenece.

Alguien lo usa

para llamar a un cuerpo

que a veces soy yo

y a veces es un hueco

sentado en la silla.

El espejo se abre como una herida.

Dentro hay otro

que respira cuando yo dejo de hacerlo.

El mundo dice: realidad.

Pero la realidad es un cuchillo

que gira lentamente

dentro del pensamiento.

Hay ciudades creciendo en mis nervios,

multitudes caminando por mis venas,

un dios enfermo

hablando a través de los cables del cerebro.

Y nadie ve

el incendio.

Solo yo escucho

cómo el cielo se quiebra

en pequeños animales de ruido

que caen

uno por uno

dentro de mi cabeza.


los perros no sueñan con la gloria

las luces parpadean como si supieran que no tengo para pagar la cuenta, y la cerveza — tibia, igual que mi fe en la humanidad. afuera llueve...