Te pienso sin urgencia,
como se piensa lo que no duele,
lo que simplemente está,
como el sol filtrándose por la ventana.
No necesito decir tu nombre,
estás en las cosas pequeñas:
en la taza tibia,
en la forma en que el silencio me abraza.
A veces me basta imaginar tu risa
para que el día se incline un poco hacia la belleza.
No quiero prometerte nada,
ni pedirte que te quedes.
Solo quiero esto:
mirarte sin razón,
tenerte sin ataduras,
cuidarte sin miedo.
Porque hay amores que no necesitan ruido,
ni fuegos artificiales.
Hay amores que se parecen a ti:
luz serena,
pan recién hecho,
cielo sin nubes.
Y yo,
yo solo quiero
seguir escribiéndote
aunque no estés.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario