domingo, 14 de septiembre de 2025

a veces el amor es una silla vacía

te vi caminar con los zapatos rotos

y supe que eras más mía que nadie,

porque sólo los que han perdido algo

aprenden a sostener el alma con las manos.


no tenías perfume,

ni promesas,

ni esas sonrisas que venden los domingos en las iglesias,

pero tenías cansancio,

y una forma de mirar que decía

“no te vayas todavía.”


yo tampoco tenía gran cosa:

unas monedas sueltas,

un cigarro aplastado en la camisa,

y una tristeza vieja,

como perro sin dientes.


pero contigo aprendí a decir "buenas noches"

como si fuera un rezo

y no una despedida.


a veces nos amábamos como se aman los que saben

que todo puede romperse en cualquier momento,

con los ojos cerrados

y los puños abiertos.


me dijiste:

“no soy de nadie,

pero me puedes acompañar un rato.”

y ese rato se me quedó colgado en el pecho

como una fotografía que no quiero guardar.


porque eras caos,

y ternura,

y un poco de pan caliente

en un mundo que solo da piedras.


y yo,

yo sólo quería que alguien se quedara,

aunque fuera en silencio,

aunque fuera sin futuro,

aunque fuera sólo

por esta noche. 

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