Ella removía el azúcar como si aún pudiera endulzar lo amargo. Él miraba por la ventana, contando los coches que pasaban para no contarle las verdades.
Cuando se levantaron, sus tazas quedaron casi llenas. Como ellos.
Ane tenía la piel suave, sí, pero no como dicen en los poemas baratos, sino como algo que no debería estar en ese sitio. demasiado limpia ...
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