Ella removía el azúcar como si aún pudiera endulzar lo amargo. Él miraba por la ventana, contando los coches que pasaban para no contarle las verdades.
Cuando se levantaron, sus tazas quedaron casi llenas. Como ellos.
Jardines vedados en llamas. Caen densos, como hierro líquido, sobre la carretilla del tiempo. Late la mirada, se estira en silencios, y la t...
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