Ella dejó su cepillo de dientes y su olor a jazmín.
Él siguió poniendo dos tazas de café cada mañana.
La suya se enfriaba siempre primero.
Ane tenía la piel suave, sí, pero no como dicen en los poemas baratos, sino como algo que no debería estar en ese sitio. demasiado limpia ...
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