ella dijo que nunca dejaría de amarme
y yo le creí
como se cree en el último cigarro
cuando ya no queda nada más que humo
y la noche pegada a los huesos
lo dijo en una cocina desordenada
con platos sucios y una botella barata
la luz amarilla cayéndole en la cara
como si fuera verdad
yo asentí
porque a veces uno necesita mentiras
que suenen como promesas
aunque huelan a despedida
pasaron los días
lentos, torcidos, llenos de nada
y su voz empezó a irse
como se van los trenes que no tomas
porque estás demasiado cansado
o demasiado roto
una mañana
ni siquiera dijo adiós
solo el lado vacío de la cama
y un silencio que gritaba más que cualquier pelea
ella dijo que nunca dejaría de amarme
y tal vez no mintió
tal vez simplemente
no sabía cuánto dura el nunca
yo encendí otro cigarro
miré la ventana
y dejé que el mundo siguiera cayéndose
como siempre hace
sin promesas
sin testigos
sin ella.
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