-Metiéndome, en el cuarto- o
-en el cuarto, metiéndome- repito
-como un loco se mete
en los ojos
la luna a girones- o
-como el enamorado se mete
a pinchazos
el amor en el pulso- o también
-como esas parejas que
se meten de a dos
el mar en olas-
a espaldas del sol
desangelado
sin estrella
sin hogar
sin dios
solo a solo a solo
de una punta a la otra
de la soledad
esnifando el aire
masticando palabras como
huesos de azufre.
ella tiene 40 años
y tres hijas
a las que envía el dinero
que se gana en la cama.
yo la conocí unos días atrás
y no se parece a la de las fotos
que me enseño
donde se la ve
sonriendo junto a su padre.
ahora,
a veces,
se mete conmigo.
olvidados en la
ausencia.
los tiempos
en los que aun teníamos
una oportunidad terminaron
para los dos.
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